Soy Jesús Cañavate y hay una tendencia que me preocupa cada vez más en la gestión de comunidades: el aumento de reclamaciones por accidentes en zonas comunes.
«Un accidente puede durar segundos… sus consecuencias, años»
Lo que antes eran incidencias puntuales, hoy se están convirtiendo en un problema recurrente. Caídas en portales, resbalones en garajes, tropiezos en escaleras… situaciones que, en muchos casos, podrían haberse evitado con una correcta prevención.
El problema no es solo el accidente. El problema es todo lo que viene después.
Cuando ocurre un incidente en una comunidad, entra en juego la responsabilidad legal. Y en la mayoría de los casos, es la comunidad de propietarios la que debe responder. Esto implica reclamaciones económicas, intervención de seguros, informes periciales y, en ocasiones, procesos judiciales.
En ciudades como Granada, donde muchos edificios cuentan con cierta antigüedad y un uso intensivo de las zonas comunes, el riesgo aumenta si no se actúa a tiempo.
He visto casos donde un simple suelo mojado sin señalizar ha terminado en una reclamación importante. También situaciones en las que una loseta deteriorada o una iluminación deficiente han sido el origen de conflictos que podrían haberse evitado con una mínima actuación.
Los accidentes en zonas comunes suelen tener un origen común: la falta de mantenimiento preventivo.
Muchas comunidades actúan cuando el problema ya es evidente. Pero en este ámbito, actuar tarde puede salir muy caro.
Además, existe una falsa sensación de seguridad en torno a los seguros comunitarios. No todo está cubierto. Si se demuestra que existía una falta de mantenimiento o negligencia, la aseguradora puede limitar su responsabilidad.
Por eso, la clave está en anticiparse.
Revisiones periódicas, control del estado de las instalaciones, señalización inmediata ante cualquier incidencia y una correcta gestión del seguro son elementos fundamentales para reducir riesgos.
Como administrador, mi papel no es solo gestionar el día a día. Es detectar estos riesgos antes de que se conviertan en problemas reales.
Porque en una comunidad, la tranquilidad no depende de que no pase nada.
Depende de que, si puede pasar, estemos preparados para evitarlo.
Y en el caso de los accidentes en zonas comunes, esa preparación lo cambia todo.
