Soy Jesús Cañavate, y llevo muchos años trabajando al frente de comunidades de propietarios. He vivido temporales suaves… y otros que han dejado portales anegados, ascensores fuera de servicio y garajes convertidos en auténticos ríos. Pero si algo tengo claro es esto: los temporales no son el verdadero problema. El problema es no estar preparados.
«Cuando llega la borrasca, ya no hay margen de error: o estás preparado… o pagas las consecuencias»
En estas últimas semanas, con episodios de lluvias intensas en zonas de Granada y distintos puntos de Andalucía, muchas comunidades han descubierto demasiado tarde que una bajante obstruida, una cubierta deteriorada o un seguro mal revisado pueden convertirse en miles de euros en daños.
Desde Administración de Fincas Cañavate llevamos tiempo insistiendo en la protección de comunidades ante temporales, porque sabemos que anticiparse marca la diferencia entre una incidencia controlada y un conflicto vecinal de grandes dimensiones.
Nuestro trabajo no empieza cuando entra el agua. Empieza mucho antes: revisando cubiertas, comprobando sumideros, analizando pólizas, coordinando mantenimientos preventivos y explicando a los presidentes qué riesgos reales existen en sus edificios. La mayoría de siniestros que gestionamos podrían haberse reducido si se hubiera actuado semanas antes.
Hoy las comunidades se enfrentan a un escenario más complejo: fenómenos meteorológicos más agresivos, edificios envejecidos y costes de reparación cada vez más elevados. Por eso insisto tanto en que la protección de comunidades ante temporales no consiste solo en reaccionar, sino en planificar.
También es fundamental informar a los vecinos. Saber qué cubre el seguro comunitario, cómo actuar ante una filtración o a quién avisar cuando un garaje empieza a inundarse evita pánico, discusiones y decisiones precipitadas.
Como administrador, mi responsabilidad es clara: proteger el patrimonio de cada comunidad y la tranquilidad de quienes viven en ella. No podemos controlar el clima, pero sí podemos controlar nuestra preparación.
Porque al final, un temporal dura unos días.
Las consecuencias de no haber hecho los deberes… pueden durar años.
